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Santa patrona del cesfam: Poema de Amapola Fuentes

  • Foto del escritor: revistaelcoloso
    revistaelcoloso
  • hace 18 horas
  • 2 min de lectura

gimoteo como cachorro hambriento en la madrugada cuando pasa la hora y no me llaman

y es que el tiempo es algo tan obtuso que se me entierra en los ojos,

quiero evitar esa tragedia por un tiempo, y mantener mi alma íntegra

si es que existe algo que se llama alma, y que dejo colgada en la puerta de entrada de este lugar llamado centro de salud familiar.


desde todos los pisos y todas las salas

corren centenares de seres despavoridos

siendo perseguidos por ese tiempo que yo intento no me persiga.

Verá usted, yo tengo delirio persecutorio, me basta con que me persiga mi sombra.

Le comentaba, me llaman de pronto

nombre rugiente, ajeno, sangrante

No es mi nombre real, así que tardo en reaccionar.


y luego la próxima espera

porque ir a un cesfam nunca es ir a una cosa. es aprovechar a pedir otra hora

otra pastilla, otra vida, otra atención de urgencia porque trataste sin éxito de arrancarte la cabeza con un sacacorchos, para descubrir que no eres una botella.


PARA DESCUBRIR QUE NO ERES NADA

que no eres nada mas que un nombre rugiente en un altavoz que tiene interferencia

o un “A41 módulo farmacia 2”.


No se puede ser cosmopolita cuando tu lugar mas visitado es así

van tres días, es decir, dos noches de esperar a que suene la alarma y prepararse

para verse bien pero no también pero tampoco tan mal.

Esto es un mareo constante y de los malos, no de los que me dan cuando te extraño.

Verá usted, afuera del cesfam me vendieron un cuarzo rosado

“para los corazones rotos”.

Es que adentro no quisieron suturármelo, me dieron hora con un psiquiatra

que es médico cirujano, pero tampoco quiso suturar.

Querrán que una, como nombre falso, ande rugiente, y sangrante

por una ciudad que no es una ciudad, sino una comuna

con el código 13110, similar a 134340, a Plutón

el planeta enano - meteorito - sepa el diablo que es.

Así es está comuna, así es mi corazón

revolcándose en un anillo de cuarzo rosado y fluoxetina

mientras en el segundo piso me gritan SEÑORA

NO SE PUEDEN SACAR FOTOS.


Sin título (Mark Rothko, 1970)
Sin título (Mark Rothko, 1970)

 
 
 

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