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Jorge Teillier: Retrato de mi padre, militante comunista

  • Foto del escritor: revistaelcoloso
    revistaelcoloso
  • hace 24 horas
  • 2 min de lectura

En las tardes de invierno

cuando un sol equivocado busca a tientas

los aromos de primaveras perdidas,

va mi padre en su Dodge 30

por los caminos ripiados de la Frontera

hacia aldeas que parecen guijarros o perdices echadas.


O llega a través de barriales

a las reducciones de sus amigos mapuches

cuyas tierras se achican día a día,

para hablarles del tiempo en que la tierra

se multiplicará como los panes y los peces

y será de verdad para todos.


Desde hace treinta años

grita «Viva la Reforma Agraria»

o canta «La Internacional»

con su voz desafinada

en planicies barridas por el puelche,

en sindicatos o locales clandestinos,

rodeado de campesinos y obreros,

maestros primarios y estudiantes,

apenas un puñado de semillas

para que crezcan los árboles de mundos nuevos.


Honrado como una manta de Castilla

lo recuerdo defendiendo al Partido y a la Revolución

sin esperar ninguna recompensa

así como Eddie Polo –su héroe de infancia—

luchaba por Perla White.


Porque su esperanza ha sido hermosa

como ciruelos florecidos para siempre

a orillas de un camino,

pido que llegue a vivir en el tiempo

que siempre ha esperado,

cuando las calles cambien de nombre

y se llamen Luis Emilio Recabarren o Elías Lafferte

(a quien conoció una lluviosa mañana de 1931 en Temuco,

cuando al Partido sólo entraban los héroes).


Que pueda cuidar siempre

los patos y las gallinas,

y vea crecer los manzanos

que ha destinado a sus nietos.


Que siga por muchos años

cantando la Marsellesa el 14 de julio

en homenaje a sus padres que llegaron de Burdeos.


Que sus días lleguen a ser tranquilos

como una laguna cuando no hay viento,

y se pueda reunir siempre con sus amigos

de cuyas bromas se ríe más que nadie,

a jugar tejo, y comer asado al palo

en el silencio interminable de los campos.


En las tardes de invierno

cuando un sol convaleciente

se asoma entre el humo de la ciudad

veo a mi padre que va por los caminos ripiados de la Frontera

a hablar de la Revolución y el paraíso sobre la tierra

en pueblos que parecen guijarros o perdices echadas.


1961



 
 
 

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