Domingo a contraluz: Poema de Tomás Godoy

No encontrarla ahí.
No encontrarla en ninguna parte.
Ni en las nubes que pasan
en sus ritmos de viento,
ni en los sueños que pretendes descifrar:
la mirada de tu madre, el juego solitario de la infancia,
una playa infinita que sólo existe en recuerdos.
Al recostarte,
aún vive algo de día en el cielo
y la pared se recubre a contraluz de ámbar.
Los cuadros toman el tono del crepúsculo
y confiesan que lo que sientes esta tarde
-que son todas las tardes-
no es sólo tristeza
no es sólo cansancio.
El presente que pasa frente a tus ojos
se escapa en el riesgo de las palabras
que desmontan cada instante
a ambos lados del camino.
-Cada día que pasa
es un día más y un día menos-
te dices mientras esperas
que algo se detenga,
que el bosque permanezca
en el azul de su paisaje
que es siempre el mismo en su transformación.
Un niño sueña en otro mundo
que lanza una piedra al río.
Al despertar, un nuevo día
ilumina tibiamente su ventana.
La ha encontrado, ahí,
sin buscarla.
Vuelves a ti
en esta tarde que parece la última.
Escuchas la melodía del viejo organillero
que se cuela por tu piel
como un estruendo en el alma.
Cierras los ojos.




Comentarios