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EL COLOSO
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Cartas a un niño: Poema de Cipriano
De pronto ya amaneció y el sol, curioso, se metía líquido entre los árboles. Sus ramas, cual patas de araña, depredaron paulatinamente, diluyéndose por mi ventana. De pronto las cortinas que parecían cerradas por la noche inmersiva me dejaron sin nada más que la sombra de un papelero lleno. Eran bolas de nieve que de pronto caerían en una avalancha fulminante que terminaría por sepultarme bajo los escombros de mi cobardía. --- Mi ciudad expele nicotina. Y sin notarlo he esqui


Bowie y el éxtasis de los 70
Escrito por Javier Ignacio Lux 17 de diciembre de 1971, Londres, Inglaterra. Alguien, en algún lugar de la ciudad, ha salido a la calle, ha entrado a una silenciosa tienda de discos y, con los ojos inundados de ansiedad y éxtasis, ha vuelto a casa; probablemente a pie para maximizar la espera. El deseo lo es todo. Ese alguien —ese hombre, esa mujer, ese ser ambisexual al que llamaremos X— se prepara un trago, enciende un cigarrillo y deja el vinilo suspendido en el tocadiscos


Fernando Pessoa
Todas las cartas de amor son ridículas. No serían cartas de amor si no fuesen ridículas. También escribí en mi tiempo cartas de amor, como las demás, ridículas. Las cartas de amor, si hay amor, tienen que ser ridículas. Pero, al fin y al cabo, sólo las criaturas que nunca escribieron cartas de amor sí que son ridículas. Quién me diera en el tiempo en que escribía sin darme cuenta cartas de amor ridículas. La verdad es que hoy mis recuerdos de esas cartas de amor sí que son ri
"CONOZCO DEL AMOR LO POCO QUE ME ENSEÑARON LOS OJOS QUE ME AMARON"
Marguerite Yourcenar
Tantos libros y
tan poco tiempo
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