Reseña de la semana: Contaminaciones (2022)
- revistaelcoloso

- 24 feb
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“Contaminaciones” (Komorebi Ediciones, 2022) es el primer poemario de la poeta y profesora de Artes Visuales Camila Blavi Contreras, en el cual aborda ciertas emociones y relaciones humanas con una mirada ambigua e intensa, para lo cual emplea un estilo poético enmarcado en la opacidad del poema, pero al tiempo muy expresivo, original y bien logrado.
El libro se estructura en tres capítulos con nombres de islas del Archipiélago de Los Chonos, ubicado en la Región de Aysén: Lemuy, Isquiliac y Nalcayec. Por cierto, hay un juego semántico de carácter identitario entre los poemas de Camila y el desmembrado territorio austral chileno, pues, en definitiva, las emociones retratadas son fragmentadas por el dolor y por la pérdida.
El estilo de Camila en este poemario es, como mencioné anteriormente, no del todo transparente, pues emplea figuras retóricas cargadas de sentido en composiciones breves, con una sintaxis no siempre de lógica lineal y con un fraseo verbal contenido, destacando la elipsis como uno de los tropos que funciona muy bien en las composiciones.
Pese a la opacidad del estilo, hay ciertas temáticas recurrentes que orientan al lector sobre el trasfondo de la obra. Personalmente identifiqué una compleja relación del hablante lírico con la figura materna e, inserta en esta y otras relaciones emotivas, el duelo por la pérdida.
En este sentido, destaca el uso de referentes mitológicos clásicos, como el balsero Caronte, y alusiones a la maternidad a través de referencias a la lactancia, siempre de forma sutil, esbozos que asoman en la simbología de los poemas.
“Deposito aljibes sirena no hay / cantos que cristalicen poros”, inicia uno de los poemas en el primer capítulo. De inmediato se advierte en el primer verso que la ausencia de puntuación plantea una sintaxis de interpretación ambigua, bien un enunciado que se dirija a la sirena o una ausencia de este ser mitológico. Pero más allá del significado específico, se puede interpretar la emoción del ambiente acuático en el cual hay puntos de fuga.
“Visviri macheteó a las toninas mis / tardes mirando baches sobre el cuerno”, prosigue el poema. La sintaxis continúa sin una lógica lineal en el verso, en un juego de encabalgamiento. No obstante, el sentido es claro en referir al daño, en este caso sobre los cetáceos chilenos en la localidad rural más septentrional del país, asentamiento propio de la etnia aimará.
Versos más adelante, el hablante retoma a los delfines nacionales: “se expulsa cariño sobre sí / toninas ríen con el cuero raspado / de arena”. Además de reforzar el sentimiento del daño, en contraste de los seres acuáticos con el paisaje árido, persiste la idea de fuga de emociones, del afecto.

La estrofa final del poema alude a la muerte y, como resultado de ella, el sentimiento no de fuga de emociones, sino de límites del sujeto lírico sobre estas, como una condición propia del hábitat: “suspende / en los brazos de Caronte / que se quiebran / yo aterrizo en el aljibe / mis pozas no expulsan / apartan”.
Para ejemplificar con otro poema la forma en que Camila expresa el sentimiento del duelo, cito del segundo capítulo: “Amputar el órgano que molesta / quitarlo si ocasiona dolor / acabarlo”, como una metáfora a la sanación emocional, pero en la siguiente estrofa advierte los riesgos de esta decisión: “sé que pasa si divido mi dedo Corazón / sé que el mal puede esparcirse / crecer tentacular cubrir / pliegues / orificios”.
Ahora bien, frente a las eventuales consecuencias negativas de ese quiebre con el objeto extraviado, el poema prosigue manifestando su entrañable valor emotivo: “una cucharada de manjar se aplana / entre los cielos de mi boca y lengua / desalentada intenta pronunciar emes”.
Entonces, el hablante lírico llega a una conclusión ante esta disyuntiva en la estrofa de cierre: “si a Corazón lo sumerjo en un recipiente / lleno / quisiera engullirlo entero”, dejando en claro que la eventual amputación de los recuerdos del objeto extraviado se lleva consigo también el cariño inherente a ellos.
Camila Blavi demuestra con este poemario debut una voz literaria madura y muy original- se le atribuyen similitudes con las poetas chilenas Marina Arrate y Carmen Berenguer-, un oficio literario y se vislumbran muchas lecturas para haber alcanzado su estilo, por lo que resulta muy interesante leer los poemarios que ha publicado posterior a “Contaminaciones”.
Escrito por Gonzalo Robles Fantini



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