Cartas a un niño: Poema de Cipriano

De pronto ya amaneció
y el sol, curioso,
se metía líquido entre los árboles.
Sus ramas,
cual patas de araña,
depredaron
paulatinamente,
diluyéndose
por mi ventana.
De pronto
las cortinas que parecían
cerradas por la noche inmersiva
me dejaron sin nada más
que la sombra
de un papelero lleno.
Eran bolas de nieve
que de pronto caerían
en una avalancha fulminante
que terminaría por sepultarme
bajo los escombros de mi cobardía.
---
Mi ciudad expele nicotina.
Y sin notarlo
he esquivado aquellas calles
pintadas con el aroma
de la soledad.
He huido caminando
entre las pieles
saturándome los sentidos.
Hay extractos
en lo más profundo
y estos siempre me lograban
remecer.
No he
perdido el olfato;
él sabe la nostalgia
que guardan mis lagrimales.
---
La compulsividad de mi muñeca
que solo quiere bailar
sobre la blanca, rugosa
pista de baile.
Bailar entre su abanico,
bailar hasta hacerse añicos,
caer muerta por su borrachera.
~Son copas
que se arrojan empapando
el rostro~
Despertando a aquellos que duermen
aún acariciando
la falda de su madre
antes de abandonarla
por la escolaridad.




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