Artículo: Lectura en La Unión
- revistaelcoloso

- hace 21 horas
- 2 min de lectura
Escrito por David Aránguiz
El 24 de junio Jorge Teillier cumpliría 91 años. La revista El Coloso, en homenaje al poeta de Lautaro, organizó una lectura en el que fuera su bar preferido: La Unión (chica).
Casi sin espacio para escuchar, el restorán funcionaba a un ritmo frenético. Los oyentes del Rincón de los poetas que no previmos la situación nos agolpamos fuera de la cocina donde el olor a pernil se paseaba junto a los meseros. Risas, efervescencia, vinos, destilados. Lo deseable era tomarse una cosita para sintonizar y comenzar un éxodo por distintas mesas para oír poemas del homenajeado y de jóvenes escritores.
La selección de poemas de Teillier, nuestra propia antología en nuestras voces comenzó a suceder: Cuando todos se vayan; Botella al mar; Cuando no era poeta; Carta a Mariana; El lenguaje del cielo.

Entre medio de los servicios chocando con los platos y el jolgorio seguimos. El lugar definitivo donde me senté fue junto a un viejo recurrente del bar. Abogado de derechos humanos, me dice. Se queja de que me senté sin pedirle permiso y me hace el gesto de querer oler mi copa. Lo hace y no me dice más. Celebraba o echaba abajo las lecturas según su criterio. Pausa de 15 minutos, llega un amigo. Para conocernos, el hombre nos quiso hacer una pregunta: ¿Ustedes son…? No encuentra la palabra. Busca en su memoria con el ceño fruncido. Se demora, pero vale la pena esperar. Tampoco podemos hacer otra cosa. Finalmente, llegó: Consecuentes ¿Ustedes son consecuentes?
Los poetas continúan. Bajo el cielo nacido tras la lluvia, Blue, Fiesta, Una casa sin luz, Despedida. Nuestro comensal pide el último destilado de la noche. Traté de devolverle la mano y pedí oler su vaso, pero me dijo que no, que era un secreto. Nuestra conversación era pobre, pero, en mi ausencia, relató que durante la dictadura ayudó a algunas personas que eran perseguidas y que, incluso, escondieron en el mismo bar.
Pienso en Teillier tomando con nosotros. Lo imagino escribiendo y reescribiendo “Nadie ha muerto aún en esta casa” sintiendo a los verdugos de la CNI o la DINA. Renata Juica nos lee una carta que su abuela escribió a Lucía Hiriart con el motivo de un desaparecido que nunca tuvo el honor de ser enviada.
Trato de recordar quién me comentó también hace unos días sobre un padre desaparecido en 1987. A veces olvidamos que el terror y la impunidad se extendieron hasta más allá del retorno a la democracia.
Por un momento nos trasladamos hacia otro lugar. Estamos con Teillier desangrando algo entre vino y poesía. Jaime comienza a sacar estas fotos que compartimos acá, el micrófono abierto microfonea. La noche se diluye otra vez entre el vino, un cumpleaños feliz a destiempo y el tabaco quemado.



Gracias por tu relato, logro percibir el ambiente y la mezcla de situaciones, tiempos y personas, ausencias y presencias, un raconto que se desvaneces, los limites de lo individual y lo colectivo. muy intyeresante tu descripcion escrita